Muchos dueños creen que vender más asegura ganancias, pero la realidad es otra. Si el food cost de un plato está mal calculado, cada venta puede significar pérdida en lugar de utilidad. Esto pasa cuando no se conocen los costos exactos de los insumos o se subestiman mermas y desperdicios. El negocio avanza con una falsa sensación de éxito mientras las finanzas se deterioran.
Calcular el food cost implica sumar cada ingrediente, porción y gasto indirecto que forma un plato. Al compararlo con el precio de venta, descubres si realmente estás ganando lo que creías. Con esa claridad puedes ajustar precios, negociar con proveedores o modificar recetas para que cada plato aporte al margen de rentabilidad y no lo reduzca.
Calcular una vez no es suficiente: el food cost debe monitorearse constantemente. Los precios de los insumos cambian, la demanda varía y los desperdicios pueden crecer. Mantener el control es lo que asegura que tus márgenes se mantengan saludables. Un restaurante que domina su food cost no solo es rentable, también competitivo en el mercado.
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